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CORAZÓN DE “TRI-ATLETA”

Ya hace más de cien años que los médicos describieron el “corazón de atleta”, ¿de qué se trata? Simplemente de las adaptaciones tanto en forma, tamaño y función que sufre el corazón de un deportista entrenado. Estas adaptaciones son especialmente marcadas en deportistas que entrenan realizando ejercicios dinámicos durante un tiempo prolongado (ejercicios de “resistencia”), tales como el ciclismo, la natación o la carrera a pie, lo que nos pone a los triatletas en un lugar especial en la lista de ejemplos.
Hoy en día se sabe que estas adaptaciones, tanto las del corazón (centrales) como las de los vasos sanguíneos y la sangre (periféricas) son beneficiosas y constituyen el fundamento de la recomendación de este tipo de práctica deportiva como prevención de las enfermedades cardiovasculares.
Sin embargo, en determinadas situaciones, debemos estar alertados de nuestra condición de “atletas”, ya que las manifestaciones de nuestra condición física pueden llevar a algunas “confusiones”.
Una situación que suele ocurrir es que sorprendamos al médico con algunas alteraciones en el Electrocardiograma, que si bien son perfectamente normales para un deportista entrenado, puede hacer llevar al profesional a plantear la necesidad de hacer más estudios. Esto puede suceder al hacernos un chequeo de salud o frente al los estudios que se realizan en algunos exámenes pre-ocupacionales.
Lo que sucede con el corazón entrenado es que aumenta su tamaño (hipertrofia cardíaca o cardiomegalia), lo que puede observarse en una radiografía del tórax. Esto sucede como una adaptación al hecho de bombear más sangre frente al ejercicio para proveer de Oxígeno suficiente a los músculos. El corazón entrenado se vuelve más grande, se amplían sus cavidades y es capaz de contraerse con mayor fuerza, por lo que se hace más eficiente para bombear la sangre. Esto trae aparejada otra adaptación: la frecuencia a la cual late el corazón disminuye, ya que es capaz de proveer mayor cantidad de sangre por cada latido. Esto se conoce como bradicardia. El corazón no entrenado late unas 70 veces por minuto, mientras que el corazón de un atleta puede realizar su trabajo con a veces tan solo unos 45 latidos por minuto.
Esta condición debe diferenciarse de algunas patologías que pueden producir cambios similares sobre el corazón pero que son reflejo de una enfermedad y no una adaptación normal al ejercicio. Por esto el médico puede pedir que nos realicemos otros estudios tales como una ergometría o electrocardiograma de esfuerzo para poder certificar nuestra condición de salud, lo cual, por otra parte, sería recomendable confirmar para poder continuar entrenando con tranquilidad.
Recordemos que el “corazón de atleta” es una adaptación que nos beneficia, no sólo por permitir un mayor rendimiento en el ejercicio, sino garantizándonos calidad de vida para los años futuros.

Dra. Verónica Lombán
Especialista en Medicina del Deporte y en Nutrición Deportiva
vlomban@uns.edu.ar

Docente Universidad Nacional del Sur

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